Los ejemplos cotidianos y las estadísticas internacionales les
proporcionan una amplia evidencia de las propiedades de protección frente al
fuego del hormigón, y por ello los constructores de edificios, las aseguradoras
y los prescriptores están convirtiendo al hormigón en su material favorito,
exigiendo cada vez más su empleo frente al de otros materiales de construcción,
ya que:
- El hormigón no arde y no aumenta la carga de fuego
- Tiene una elevada resistencia al fuego y detiene la
propagación del mismo
- Protege eficazmente, proporcionando unos recorridos de
emergencia seguros a los ocupantes y una protección a los bomberos
- Puede resistir condiciones extremas de fuego, lo que
lo hace ideal para almacenes con una carga elevada
- La solidez del hormigón frente al fuego facilita la
extinción de los incendios y reduce el riesgo de colapso estructural
- Es fácil de reparar después de un incendio, y con ello ayuda a que
se reanuden antes las actividades
Acción del fuego en las estructuras de hormigón
La acción del fuego sobre el hormigón provoca la evaporación del
agua capilar entre los 100°C y los 300°C, temperatura a la que se produce la
desaparición completa de dicho agua capilar y no se producen aún pérdidas
significativas de resistencia. El agua contenida en el gel del cemento se
pierde a temperaturas que oscilan entre los 300°C y los 400°C, disminuyendo las
resistencias y apareciendo las primeras fisuras.
A partir de los 450°C el hidróxido cálcico se transforma en óxido (cal viva) y hacia los 600°C se produce un fuerte fenómeno de expansión de los áridos, disgregándose el hormigón y cayendo sus resistencias.
Es interesante observar que, desde este punto de vista, los áridos calizos son los menos sensibles a la acción del fuego por tener menor conductividad térmica.
A partir de los 450°C el hidróxido cálcico se transforma en óxido (cal viva) y hacia los 600°C se produce un fuerte fenómeno de expansión de los áridos, disgregándose el hormigón y cayendo sus resistencias.
Es interesante observar que, desde este punto de vista, los áridos calizos son los menos sensibles a la acción del fuego por tener menor conductividad térmica.
Una de las consecuencias observables de la acción del fuego es la
del “golpe térmico” que produce, dando lugar a dilataciones en la cara en
contacto con la acción del fuego y de los gases calientes y, en consecuencia, a
tensiones de compatibilidad que, aunque autoequilibradas, alcanzan tal valor en
tracción que acaban por provocar la rotura del hormigón.
También decir que el color es un dato indicativo, a posteriori, de la temperatura
alcanzada en el hormigón y, en consecuencia, de la pérdida de resistencia que
se haya podido producir.
Añádase finalmente que si
la temperatura del hormigón no ha sobrepasado los 500°C, éste puede
rehidratarse y, al cabo de un año, recuperar hasta el 9% de su capacidad
resistente inicial.
Pero la acción del fuego no sólo se cierne sobre el hormigón, sino
también sobre el acero, lo que se manifiesta, además de en una dilatación más
rápida que el hormigón que le rodea, en que la pérdida de capacidad resistente
puede ser mayor.
Otro aspecto muy importante es el de la pérdida de adherencia
entre el hormigón y acero debido precisamente a la diferencia de
conductividades entre las barras y el hormigón. Eso se traduce en importantes
diferencias de temperatura entre ambos materiales y, consiguientemente, a la
inducción de deformaciones también distintas, lo que trae consigo la aparición
de tensiones de compatibilidad en la interfaz acero-hormigón que, si la
temperatura es elevada, pueden provocar la rotura por adherencia y el
desprendimiento del recubrimiento, acelerado por la contracción que se produce
como consecuencia del enfriamiento brusco por la acción del agua aplicada para
sofocar las llamas.
Remoción del hormigón dañado
Una de las mayores ventajas de una estructura de hormigón es que normalmente puede ser reparada después de un incendio, minimizando con ello cualquier inconveniente, así como los costes. Las reducidas cargas de los forjados y las temperaturas relativamente bajas que se producen en la mayoría de los incendios en los edificios se traducen en que la capacidad portante del hormigón conserva en una proporción muy importante, tanto durante como después de un incendio. Por estas razones, a menudo lo único que se requiere es una simple limpieza. La rapidez de reparación y de rehabilitación es un factor importante para minimizar cualquier pérdida de actividad económica después de un incendio importante; obviamente ello es preferible a una demolición y posterior reconstrucción.
El proceso de hidrodemolición elimina el hormigón por dos mecanismos separados: el impacto directo en la superficie y la presurización de las grietas. Permite respetar las armaduras y no introduce vibraciones y efectos de martilleo que comprometerían la adherencia con el nuevo hormigón in situ, algo que sería inevitable con cualquier otro procedimiento. Por lo que se desaconseja explícitamente el uso de martillos neumáticos, pistoletes u otras técnicas de percusión por las razones expuestas.
Una de las mayores ventajas de una estructura de hormigón es que normalmente puede ser reparada después de un incendio, minimizando con ello cualquier inconveniente, así como los costes. Las reducidas cargas de los forjados y las temperaturas relativamente bajas que se producen en la mayoría de los incendios en los edificios se traducen en que la capacidad portante del hormigón conserva en una proporción muy importante, tanto durante como después de un incendio. Por estas razones, a menudo lo único que se requiere es una simple limpieza. La rapidez de reparación y de rehabilitación es un factor importante para minimizar cualquier pérdida de actividad económica después de un incendio importante; obviamente ello es preferible a una demolición y posterior reconstrucción.
El proceso de hidrodemolición elimina el hormigón por dos mecanismos separados: el impacto directo en la superficie y la presurización de las grietas. Permite respetar las armaduras y no introduce vibraciones y efectos de martilleo que comprometerían la adherencia con el nuevo hormigón in situ, algo que sería inevitable con cualquier otro procedimiento. Por lo que se desaconseja explícitamente el uso de martillos neumáticos, pistoletes u otras técnicas de percusión por las razones expuestas.
El objetivo de la remoción es dejar
una rugosidad del mismo orden de magnitud (diferencia de cota entre crestas y
valles) que el tamaño de la fracción gruesa de la arena del hormigón. Precisamente
una ventaja adicional de la técnica de la hidrodemolición es que asegura una
rugosidad óptima sin riesgos de pérdida de adherencia, deja limpias las
superficies y saturado el hormigón del soporte.
Además,
con este método se consigue la eliminación selectiva del hormigón, debido a la
flexibilidad disponible para controlar la cantidad de energía a emplear, lo que
hace identificar claramente las zonas en las que el hormigón está en peores
condiciones que son aquellas en las que el chorro a presión provoca una mayor
penetración, siendo las zonas con menor penetración las que presentan un
hormigón más sano.
Si quieres saber más de todas las aplicaciones que tiene esta técnica puedes encontrarlo en www.hidrodemolicion.es
El equipo de HIDRODEMOLICIÓN
Si quieres saber más de todas las aplicaciones que tiene esta técnica puedes encontrarlo en www.hidrodemolicion.es
El equipo de HIDRODEMOLICIÓN
